EL PROBLEMA DE LA UNIDAD NACIONAL ANTE EL AMEDRENTAMIENTO DE D. TRUMP.

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Por Ricardo García Jiménez/APIM.

Donald Trump, Presidente de los EEUU, representa los intereses de un sector ultra conservador de los capitalistas de ese país y de otras naciones que comulgan con un proteccionismo empresarial que ven como amenaza aciertos grupos de la población mundial como los causantes del estancamiento económico y el desempleo que vive esa nación; de igual forma Trump ha abogado por recuperar la grandeza, bienestar y riqueza de los Estados Unidos en una especie de nacionalismo patriotero con tintes fascistas.

La manera de gobernar de Trump ha sido apoyándose en mover los sentimientos de millones de estadunidenses que les hacen ver a los diferentes grupos raciales de migrantes latinoamericanos como los causantes de una serie de problemas económicos y de seguridad que se han suscitado en la última década en el vecino país del norte. Es la ignorancia, la inexperiencia en asuntos de gobierno, el odio, la discriminación, la intolerancia y la arrogancia los motivos con los que el mandatario norteamericano ha conducido su país.

Recordemos que en sus propuestas de campaña prometió la expulsión de los migrantes ilegales, la construcción de un muro fronterizo, la modificación sustancial del TLC y el gravar las remesas que nuestros compatriotas que envían a sus casas, entre otras cosas. Puntos que han trazado el trabajo de su administración y que ha comulgado con miles de norteamericanos supremacistas blancos que han vista la salida de sus diferentes problemas económicos y sociales culpando a los mexicanos y centroamericanos a través de discursos agresivos hacia estos.

Desde los primeros días de asumir el cargo, Trump ha cumplido lo ofertado, emprendido una serie de acciones que han puesto al gobierno mexicano, el de EPN y el de AMLO, en una doble situación de alerta; por una parte, el no saber cómo revertir el problema de la expatriación de miles o tal vez millones de migrantes mexicanos que por años han laborado en aquel país; ante la amenazas de Trump de que México pagará la construcción del muro que divida ambas naciones, el gobierno no ha dicho que No, sólo el presidente EPN le dio en su momento vueltas al asunto, por su parte AMLO con su doble discurso se ha convertido en un tercer país para servir de freno a la ola de migrantes centroamericanos.

Supremacistas blancos alentados por las palabras de Trump
Supremacistas blancos alentados por Trump

La modificación del TLC ha sido un revés para la burguesía nacional que pone en riesgo la asociación de los intereses y capitales que han fincado con el empresariado norteamericano; al intentar gravar las remesas, imponer impuestos a diferentes productos mexicanos desde la unión americana, coloca la pérdida del ingreso integro de millones de familias dependientes de esos recursos que les son enviadas para sobrevivir. Por otro lado, el no saber cómo enfrentar estos problemas ante la falta de credibilidad, ineptitud, y vicios heredados del llamado “periodo neoliberal”, han desacreditado la imagen presidencial de todos aquellos actos de corrupción que peñismo y el priismo más rancio ha debilitado la institución presidencial.

 

Ante estos problemas, el propio AMLO ha convocado a la Unidad Nacional en sus conferencias mañaneras para buscar las salidas más oportunas ante la presión de diferentes sectores sociales de nuestra nación y del extranjero.

Lo cierto es que ningún líder o político había podido lograr lo que Donald Trump ha hecho: un intento de unificar la opinión de millones de mexicanos en torno a las aberrantes acciones del mandatario estadounidense en contra de México y los mexicanos.

Pero como en la política mexicana todo es posible, dirigentes y militantes de todos los partidos políticos, líderes del sector empresarial, sindicatos charros, la burocracia parasitaria, periodistas progobiernistas y el episcopado mexicano han apelado al nacionalismo para mantener la dignidad de nuestro país.

Lamentable el liderazgo nacional que dejo mal trecho EPN de la presidencia se ha debilitado por sus acciones o programas, que en su momento que por su calidad moral y ética hicieron una caricatura de la figura del presidente; hoy la falta de valentía de AMLO ante los problemas y temas internacionales escudado en la “No Intervención” el mandatario estadounidense puede hacer lo que quiera de nuestro país.

De nada serviría la indignación nacional ante las amenazas de un presidente que imita a Adolfo Hitler como los es Trump, que en sus estados bipolares ve en México a su peor enemigo, si no hay liderazgos fortalecidos y cimentados, difícilmente se podrá actuar con dignidad. De igual forma una parte de los líderes empresariales y políticos que han conformado una alianza ante esta crisis nacional ven afectados sus interese. Para tal caso, Carlos Slim, representante de la burguesía nacional y una parte de la internacional, pedido apoyo al pueblo de mexicano para enfrentar al “Atila del norte”, para proteger los interese de los más ricos del país, pero no para resguardar a los millones de mexicanos.

Hay que indicar que han sido las clases sociales media y alta, junto con el empresariado y la clase política de los EEUU, el seguir explotando a millones de trabajadores de nuestro país, donde el trabajador es humillado y violado sus derechos humanos tanto aquí como en aquel país.

Lo que estamos presenciando en estos días con los asesinatos de decenas de mexicanos por parte de supremacistas blancos norteamericanos es una lucha entre una sociedad cargada de prejuicios raciales de una población que ha tenido un estilo de vida de despilfarro y apariencias de una “socialite” sobre las espaldas millones trabajadores latinos que son explotados por esta clase advenediza de estadunidenses.

Estamos frente a un choque cultural que, en el caso de los empresarios norteamericanos, pelean obtener mayores ganancias y seguir acrecentado sus propios capitales, pero dejando fuera de esos “beneficios” a millones de latinos que son la fuerza productiva en esa nación.

Coincidimos que la invitación a la unidad nacional por la 4T es el camino para defender la soberanía nacional siempre y cuando exista un presidente que no le rehúya a las bravuconadas de un Donal Trump y de una clase social empresarial y política norteamericana que no ha hecho más, sino en los últimos 150 años, saquear a las naciones latinas de sus recursos energéticos.

Cómo no sentir desconfianza de toda la clase política nacional que han entregado los recursos del país a un capitalismo internacional en alianza con los intereses de esos otros capitalistas que son los nacionalistas de cada nación latinoamericana. Cómo apoyar una idea de unidad cuando los sectores clericales también han sido beneficiados de estas reformas estructurales que ha llevado a cometer los peores pecados capitales en sus propias entrañas clericales.

Ciertamente el espíritu de tolerancia, conciliación, unidad y acercamiento entre los distintos grupos sociales permite elevar la mira y trascender en las disputas que se heredan, mismos que son los puntos centrales de la ofensiva conciliatoria de los intereses de las clases poderosas de ambas naciones en disputa.

Si a la Unidad Nacional ante problemas reales y comunes de todas las clases sociales deben hacerse lejos de las utopías amañadas como la presenta la retórica de que “el neoliberalismo” ya termino, una toma de conciencia social sin prejuicios políticos y sociales podría darle otro rumbo distinto a la nación mexicana.

¿Es posible?